
Dentro de las características particulares que tiene el fútbol argentino, bueno y malo como tantos, organizado y de zafarrancho como otros, el espacio que ocupan las categorías de ascenso es un tema para desarrollar. Pocos mercados futboleros del planeta reciben semejante euforia por lo que hacen los equipos llamados chicos o de divisiones menores. Refugio de identidad, faro de los barrios, el equipo de la B, la C y la D genera un seguimiento que en ocasiones hace confundir a los medios.
"Habla del ascenso" ó "No te olvides del Gallo" son reclamos continúos que solemos recibir aquellos que no abordamos con continuidad el fútbol del ascenso. La cuestión es compleja. Mediáticamente lo tengo claro: el fútbol de primera división es el que sigue la lógica informativa del consumidor. Es el fútbol que "vende" según el desprecio innato que sienten algunos hinchas por la categoría principal. Detrás de los equipos de primera división está la mayoría de la gente.
Es de necios no reconocer eso. Pero necios hay muchos. No cabe duda que Boca y River son los equipos más importantes del fútbol nacional. Lo cual no quiere decir que solamente ellos existan o interesen, pero las mayorías se encolumnan detrás de esos colores.
Hay un facilismo mediático, una demagogia que no pide nada y devuelve mucho que apunta a menospreciar esa realidad: que detrás de Boca y River hay mayorías. La historia del fútbol argentino se ha construído de esa manera. Con Boca, River, Independiente, Racing, San Lorenzo y los que sigan.
La explosión mediática les ha llegado a todos. Eso incluye al ascenso, no lo expulsa. En la Argentina, aún en horarios marginales, las categorías del ascenso tienen sus propias transmisiones, programas de radio y TV y un seguimiento impensado en otros lugares del planeta. Hasta hay un fútbol que no da la categoría para ser considerado un espectáculo que de todos modos tiene sus relatos, comentarios y repetición de los goles.
De todos modos existe la idea de que el ascenso no tiene espacio. Proviene de la sensación de que el fútbol de la B debería ocupar el lugar de la Primera División. Lo que hace el fútbol de las categorías del ascenso, de Capital, GBA y el interior de la Argentina es engrosar el area de noticias de la TV cuando se producen hechos de violencia.
La lógica es cruel: hay violencia, salimos en TV, por lo tanto existimos, por lo tanto precisamos que nos den la bola que merecemos.
Es un fútbol planteado desde la dificultad y el estoicismo. Jugar en las canchas del ascenso es más duro que jugar en los "bonitos estadios" (?) de la primera división y eso lo hace más difícil.
Y si es más difícil es más importante. Así se completa el modo de abordarlo y pensarlo.
Cada cual tiene la posibilidad de vincularse al fútbol como más quiera y le guste. Sin embargo si seguimos pensando que jugar una final de la Copa Libertadores es un logro deportivo superior a jugar en una cancha con pozos; si salir a jugar una final de un Mundial requiere de más entereza que esquivar naranjazos en un micro, seguiremos mirando las cosas al derecho.
El fútbol se compone primero de quienes lo juegan y luego de sus derivados y adherentes.
Ponerse le camiseta del Milan, entrar a jugar la Champions, ganar el ascenso en el Nacional B son variantes que tiene el fútbol. Distintos niveles de una misma construcción.
Pero no pongamos el segundo piso más alto que el décimo. Por algo todos quieren ascender y no ir para abajo.
Si el fútbol de ascenso estuviera tan bueno, si ese infierno fuera tan encantador, todos quisieran estar siempre ahí.
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